MEMORIA

/, M68/MEMORIA

Conversatorio: Revolución del pensamiento: los comunistas en el 68 mexicano.

09 de febrero de 2018

Conversatorio: Revolución del pensamiento: los comunistas en el 68 mexicano.

 

I

Son las 11 de la mañana del 9 de febrero de 2018. Aún siguen entrando personas al auditorio Alfonso García Robles. Se podría pensar que sólo vendrían mujeres y hombres bien entrados en años, pero sorpresivamente gente muy joven se concentran en las bancas del centro del auditorio.

Hoy es un buen día para impregnarse de memoria y de historia. En el CCU Tlatelolco están reunidas decenas de personas que seguramente vibraron al entonar La Internacional (¿aún lo harán?).  En estos tiempos de arena política light, donde ya es irrelevante ser de izquierda o derecha, se agradece la cercanía de espíritus y personalidades con la marca indeleble de su ideología y activismo.

La fecha no es casual: hace 50 años, en febrero del 68, algunos de los aquí presentes –incluido el organizador del encuentro– estaban encabezando en Guanajuato la Marcha por la Ruta de la Libertad, que exigía la liberación de líderes estudiantes. El plan era marchar de Dolores Hidalgo (valor simbólico) a Morelia, donde estaban los presos. La marcha agitó la región de fervor anticomunista; aquellos jóvenes fueron casi linchados en Dolores y el ejército se plantó ante ellos para impedir su entrada a Michoacán. Vamos entendiendo: el movimiento del 68 no empezó en el 68. ¡No brotó espontáneamente tras pleitos callejeros entre vocacionales y prepas!

Pongamos otro ejemplo: sabemos que una de las seis demandas del Consejo Nacional de Huelga (CNH) era la derogación del artículo 145 del código penal, sobre disolución social. Pues bien, hoy toma el micrófono Mario Ortiz Rivera, uno de los primeros presos políticos en México, encarcelado en 1952 por el delito de disolución social. A sus noventa años y como si pudiera olerlo en el aire, don Mario advierte la nueva amenaza del autoritarismo y la represión: la Ley de Seguridad Interior (aprobada en noviembre) es un grave retroceso que estos luchadores perciben con claridad.

El auditorio se abarrota de emociones: un encorvado y tosigoso Alfredo Martínez Nateras –organizador del evento– es el mismo joven que todos recuerdan trepado en un poste de avenida Juárez, el 26 de julio del 68, arengando a sus compañeros para que no se desvíen al Zócalo, “¡Es una trampa, compañeros, no caigan en la provocación!”. David Vega, quien ahora muestra ufano su libro Una voz desde la masacre, es el mismo orador que el 2 de octubre vio caer las bengalas del helicóptero, desde el tercer piso del edificio Chihuahua. También se encuentra ahí Martha Servín, la brigadista del Instituto Politécnico Nacional que llevó la voz del movimiento a los estados del norte del país, y quien leyó en Zacatenco el Manifiesto del 2 de octubre, que puso fin a la huelga el 4 de diciembre del 68.

Este evento no se divide en público y oradores, el auditorio completo es un gran escenario. Los que arriba toman el micrófono son interpelados a voz pelona por los de abajo, quienes tarde o temprano subirán para ser también interpelados. Hay casi 30 oradores invitados. Cuando escuchan nombres polémicos como los de Luis González de Alba, Marcelino Perelló o Gilberto Guevara, se escuchan comentarios como: “de triste memoria”, “el cabrón hablaba muy bien”, o “pinche traidor”.

II

            Chicali roba cámara: es un hombre alto y robusto, cuya barba y cabellera canosas, más que indicio de su edad, complementan su atractivo. Sube al escenario enfundado en chamarra de cuero, botas vaqueras y, lo mejor, lentes oscuros. Su voz, incluso susurrando, atraviesa el auditorio. No deja de reír ni cuchichear con sus vecinos de panel. Su sonrisa es el gesto generoso e inmenso de las personas transparentes: imposible callarlo. Chicali, apodo de Rodolfo Echevarría, se presenta como “el primer pendejo” al que encontraron sus jefes del partido comunista para mandar a Lecumberri como representante de los estudiantes presos. Antes de ir a la Peni, les dijo ­— “Pero que mi esposa también saque su carnet de  abogada. — ¿Para qué, Chicali?, — Pa’ que vaya a verme cuando me encierren”. Y efectivamente: en la tercera visita que hizo como “abogado de Joel, de Gilberto, de Nateras, de todos ellos”, ya no lo dejaron salir. Sin haber sido activista -ni estudiante- pasó tres años de su vida en Lecumberri.

La sala entra en silencio durante la lectura-homenaje de la lista de procesados del 68: las escuelas, facultades, vocacionales, preparatorias y normales, están juntas nuevamente. Los cuadros del partido, en especial de Juventud Comunista, están presentes en todas.

El doctor Alfredo Rustrian comparte con cariño su libro La revuelta de las batas blancas, sobre el movimiento médico del 65. Enrique Rojas, elocuente y altivo consigna la organización estudiantil del 66 contra la reelección del director y por la inclusión del marxismo y materialismo histórico en los planes de estudio: “Luchar mientras se estudia por una educación popular y científica”. Pablo Martell, con su libro Fundadores al ristre, evoca la lucha de escuelas de agricultura en Chihuahua, que logró en 1967 la fundación de la Facultad de Ciencias Agrícolas y Forestales. Joel Ortega reivindica el carácter “planetario” del 68. Alberto del Castillo, historiador de la imagen, comparte investigaciones sobre fotografías inéditas. Hugo Esteve dibuja un panorama de la literatura del 68. El matrimonio de guionistas, Lupita Ortega y Xavier Robles, hablan de sus colaboraciones en cine: películas sobre la guerra sucia, Bajo la metralla, de Felipe Cazals, Cementerio de papel, de Mario Hernández; y la siempre potente Rojo amanecer.

            La maestra de historia, Cristina Gómez, testigo del 2 de octubre, confiesa estar harta de dar “testimonios por aquí, testimonios por allá”. Quiere hacer más historia y menos memoria: impartirá un curso sobre el movimiento estudiantil del 68 en la Facultad de Filosofía y Letras.

En las bancas y pasillos del auditorio se encuentran los hijos inmediatos del 68, que iban en la secundaria o prevocacional y que en los setenta se incorporaron a las luchas populares, obreras o armadas. “¿Qué se logró?”, entre ellos reflexionan. Se presenta con orgullo un delegado al CNH de la Prepa 3 “la del batukazo” y un discreto activista de la Prepa 2 “La de Joel Ortega y Pablo Gómez”.

El día no alcanza. Los moderadores presionan con agallas a los oradores que rebasan los quince minutos correspondientes. Se ofrecen disculpas y antes de las diez de la noche, Martínez Nateras, visiblemente agotado, anuncia la programación de una nueva jornada. La gráfica, la música, la guerrilla, son temas pendientes…

2018-03-06T15:24:25+00:00 marzo 5th, 2018|